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Marcas de vinos blancos

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En el caso del vino tinto nos encontrábamos unos caldos bastante antiguos. En el caso del vino blanco esto no es así. El vino blanco se estima que se pueda estar consumiendo desde hace unos 2.500 años. Lo que confiere al vino blanco es el propio desarrollo económico, social y cultural de las propias civilizaciones más modernas. El vino blanco ha conseguido instalarse en todas las regiones donde el vino tinto ya tenía tradición de producirse y consumirse en los distintos continentes de nuestro planeta. Y es que estos vinos se consiguen a través del zumo de las uvas blancas, dando lugar a vinos de colores amarillos pajizos, amarillos más verdosos o amarillos más dorados. Para el vino blanco sí que nos podremos encontrar dos tipos bastante aclamados. Por un lado, tendremos el vino blanco seco, siendo éste el más común. Aún así, también nos podremos encontrar un vino blanco espumoso, que también podemos conocerlo como “Frizzante”.

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El vino es uno de los motores económicos del mundo

El vino es una bebida que se obtiene a través de la extracción del zumo de las uvas y de su posterior fermentación. Dicha fermentación se consigue gracias a la acción metabólica de las levaduras transforman los azúcares de las bayas en etanol y en gas en forma de dióxido de carbono. En total, en el mundo se estima que existen 7,4 millones de hectáreas dedicadas a la producción de viñedos que se dedican al vino. Todos estos viñedos mundiales se estima que den una producción anual de 260 millones de hectolitros de vino. Italia, Francia y España son los tres países con mayor producción del vino en el mundo, representando el 48 por ciento del total de la producción. Todos estos datos, dan una estimación de un movimiento de dinero anual de unos 31.800 millones de euros.

Su historia no está del todo determinada, y eso dice mucho de cómo ha acompañado el vino a la humanidad

Los primeros rastros del consumo del vino se han podido fechar hace 7.500 años. Su producción no ha podido determinarse de cuándo comenzó pero sí se sabe que se producía en las tierras altas del Oriente Medio. Estas producciones se acababan importando a Mesopotamia. El vino acompañaba tanto a la humanidad que ya en la antigua Grecia algunos médicos lo prescribían a sus pacientes alrededor de los años 460 antes de Cristo. Estas prescripciones se denominaban como «Vino vinoso blanco» y «vino blanco amargo». Por lo que ya hace siglos que el propio vino blanco ya tenía una gran diversidad de producción, al igual que nos la encontramos en la actualidad. En Grecia, el vino, ya venía con la divinidad Dionisio como Dios del Vino, y en Roma cambiándole el nombre por Baco. Ya en la bahía de Nápoles el vino blanco se producía como vino blanco dulce. Un vino blanco que se consumía caliente, tal y como suele suceder en la actualidad con algunos caldos blancos como el Vino Madeira.

El vino blanco no necesita climas tan sumamente cálidos para producirse

La gran mayoría de producciones de vinos producen vino blanco de sus viñedos. Y es que la uva blanca no necesita tanto calor como sí lo necesitan las uvas tintas. Esto se debe a que los taninos presentes no se extraen en el prensado de las uvas blancas para la producción de vino blanco. Es por ello que es fácil encontrar viñedos en las zonas más septentrionales e incluso montañosas del mundo. Así, se consigue el aclamado vino blanco seco que tanto se demanda en las vinotecas más especializadas. En nuestro país, el 50% de los viñedos de Castilla La Mancha se dedican a la producción de uva blanca para la elaboración de vino blanco. En otros países como Alemania, esta cifra aumenta hasta el 63 por ciento de sus viñedos dedicados al vino blanco. E incluso llegando hasta el 93 por ciento en los viñedos de Luxemburgo que se dedican a la elaboración de vino blanco. En el caso de Cataluña, existe una zona de producción de 65.600 hectáreas de viñedos, dedicándose 45.000 para los viñedos de uva blanca, que posteriormente se convertirá en vinos blancos espumosos específicos de la zona y que se denominarán como cava. Los suelos siguen siendo muy importantes para la producción del vino blanco (H3) En el caso de los vinos tintos, necesitaremos suelos que se basen en piedra caliza de lugares bastante más cálidos para la maduración de las bayas. En el caso de los viñedos dedicados a la uva blanca, esto es completamente distinto. Por un lado, se necesitan condiciones climáticas menos exigentes, pudiendo ser menos cálidas y de cosecha sobre suelos metamórficos o de rocas volcánicas. Es por ello que en Hungría se crean grandes caldos blancos en la región de Tokaj; produciéndose unos grandes vinos blancos gracias a su suelo de roca volcánica. Aún así, la uva blanca no es tan exigente como la tinta. De esta manera, también pueden cosecharse en tierras con subsuelo de piedra caliza con base calcárea; como la que nos encontramos en la región vinícola de Champagne. La vendimia y el estrujado de la uva es fundamental para un buen vino blanco (H2) Para poder conseguir un gran vino blanco se deberá vendimiar la uva en su punto exacto de maduración. Esto conseguirá que su posterior fermentación sea la más adecuada gracias a los niveles de azúcar que las bayas contendrán. La vendimia en nuestro país, España, se realiza entre los meses de septiembre y octubre. Pese a que pueda parecer que sólo se obtendrá vino blanco de uvas blancas, esto no es así. Se utilizarán uvas de variedad de piel blanca pero también aquellas bayas de piel tinta de la que se extraiga un zumo blanco, o mosto como se denomina al zumo de la uva. Aunque en el caso de los vinos rosados, se utilizarán una mezcla de uvas con mosto blanco y también de uvas de mosto tinto. Se utilizará un porcentaje necesario para que el vino tenga un color rosado y no blanco del todo; dando lugar a vinos con unas características diferenciadoras.

Se utilizará la técnica del despalillado para obtener el vino blanco

El despalillado consiste en separar las uvas del racimo, o raspón como también se le conoce a la estructura del propio racimo de la uva. De esta manera, se consigue separar aquellos restos como hojas o sarmientos que pueda contener el propio racimo. En el caso del despalillado para la obtención y elaboración del vino blanco es que no ejercerá ningún tipo de presión ni se podrá tener ningún tipo de elemento del propio racimo de las uvas. De esta manera se conseguirá que el mosto no altere su sabor. La propia acción de la gravedad y del peso de las bayas que vayan cayendo una sobre la otra, conseguirán el primer mosto. Tras esto, sí se procede a un estrujado pero de una manera bastante cuidadosa. Lo que se busca con este estrujado es separar el zumo del hollejo –el hollejo es la piel de la propia baya–. Ya que sí que necesitaremos las semillas de las uvas lo más enteras posibles para evitar que el mosto se amargue y estropee el vino blanco.

El vino blanco se macerá bastante poco tiempo

Esa separación de las pieles, u hollejos, del propio zumo, se mantendrán en conjunción sin filtrar ni colar durante poco más de medio día –entre 12 o 16 horas–. Su temperatura debe estar bastante controlada para que no exista una fermentación en ese momento. Por lo que debe estar en unos 16 ºC. Tras esto se dejará reposar el mosto, ya que aún no será vino hasta que fermente y consiga el alcohol necesario, para que los restos sólidos puedan decantarse hasta el fondo del recipiente y extraer la parte líquida para su posterior fermentación.

El vino blanco fermentará en barricas de madera o en tanques de acero inoxidable

El proceso de fermentación seguirá manteniéndose en una cadena de temperatura fría. De esta manera se conseguirá mantener la complejidad aromática del vino blanco. Así, las levaduras comenzarán a alimentarse de los azúcares presentes en el zumo de las bayas. Así, conseguiremos un vino blanco con alcohol y cierto dióxido de carbono. Para poder obtener un vino blanco seco necesitaremos tenerlos fermentando más tiempo. Y es que el vino blanco seco necesitará menos cantidad de azúcar y por ello se necesitará dejar actuar más tiempo a las levaduras. En caso de querer un vino blanco semidulce o un vino blanco dulce, la fermentación durará menos tiempo para que así las levaduras no se consuman todo el azúcar presente de forma natural en el mosto. En el caso del vino blanco se podría traspasar a unas barricas de roble para darle la connotación de vino blanco crianza. Casi ningún vino blanco suele ser de crianza y menos aún los vinos rosados. Aunque en caso aquellas bodegas que deseen un producto más diferencial, sí que se traslada el vino blanco fermentado a barricas de roble para así añadir aroma y sabor al vino blanco final.

El embotellado es sumamente importante en la elaboración del vino blanco

El vino blanco comenzó a poder obtener el etiquetado de la Denominación de Origen en 2.018, tardando así en que se le reconociese su valía más de 25 años de las primeras denominaciones de origen en España. Y es que el embotellado del vino blanco es sumamente importante ya que será la maduración que hará que el caldo se termine de equilibrar y de asentar sus aromas. Sobre todo porque no suelen madurar en barricas y será el cristal el que le confiera los últimos tonos.